Rotatorios voluntarios veraniegos

Soy una persona movida. Me gusta estar activo, no parar, y eso incluye muchas actividades relacionadas con la carrera. Cuando estoy en la universidad, en Salamanca, mis compañeros de clase y de colegio mayor son conocedores de esta faceta. En mi hogar, León, los que lo viven realmente son mis padres. Especialmente Luis, padre y doctor que me ha tenido que sufrir.

El año pasado pedí hacer prácticas en el Hospital de León (CAULE, para ser técnicos, pero es un nombre largo y tedioso, aunque más corto que su explicación). En esa ocasión estuve rotando durante un mes, parte en julio y parte en agosto, por el servicio de oncología médica. No ha de extrañar que mi padre, de profesión médico, fuese uno de los trabajadores de dicho servicio y por lo tanto mi valedor durante ese mes.

Un poco de los inicios


Como estudiante de 2º de medicina (aunque sinceramente más bien debería considerarme como de 1.5º de medicina. Sin embargo, eso es otra historia) no era conocedor de mucha materia clínica. Para entonces apenas había rozado la clínica con la asignatura de fisiopatología y con enfermedades infecciosas, aunque el cáncer propiamente dicho solo figurase en la primera. Bueno, si, todos sabemos que el papiloma y otros virusines también propician el cáncer… Pero, ciertamente, no sabia mucho del tema. Y todo ello a pesar de estar con un médico en casa que nos había trallado (leonesismo que significa llenar, creo) las comidas y cenas familiares de anécdotas de su trabajo. Mas las curiosidades no equivalen a formación.

No obstante, disfrute muchísimo de ese mes. Era mi primer contacto con la medicina real. No eran libros, ni profesores contando historias, ni mi padre con sus batallitas en la cena. A pesar de que la mayor parte del tiempo la pase en consulta o planta con mi progenitor, fue una experiencia diferente a todo lo que había vivido hasta entonces. Era medicina propiamente dicha, lo que se supone que imaginábamos al entrar a la carrera. Personas con sus emociones, sus tristezas, sus preocupaciones y sus preguntas. Disfrute. Sentí en mis carnes la importancia de la carrera y el agradecimiento de los pacientes y sus familiares.

La experiencia fue inolvidable. Había tenido la suerte de disfrutar de un rotatorio adelantado, ya que en la USAL estos empiezan en 3º.

Otro verano rotando


Así pues, esta semana, a fecha de 8 de agosto, comienzo los últimos cinco días de formación voluntaria que voy a realizar este verano. Llevo ya tres semanas de rotación, y han pasado por encima todas las expectativas que tuve el año anterior, así como las que tenía para este año.

A pesar haber acabado 3er curso, yo realmente estoy en 2.5º curso, de modo que no pude realizar el rotatorio correspondiente en el plan de estudios de la facultad. Pero llegaba a este verano con mucha ilusión; sería otro contacto con la profesión; adelantado para mis compañeros de 2º, ligeramente retrasado respecto a los de 3º. En verdad eso daba igual. Ahí estaba yo, entrando al hospital, y este año sin un padre que me recibiese (el, sabiamente, se había ido de vacaciones). Aunque si vi su mano invisible alguna vez.

Rotación por el servicio de urgencias


El primer día me acompaño una enfermera de oncología, vieja conocida mía y de mi padre, a urgencias. Primer rotatorio del año. Primer golpe de realidad, y primera sonrisa del verano por estudiar medicina.

Jamás había escuchado de un profesor ni leído en ningún libro o apunte de la facultad como era un servicio de urgencias. Aunque realmente lo que acabe entendiendo es que en cada hospital las urgencias son de su madre y su padre, un embrollo diferente.

Antes de seguir quiero hace notar que no se trata del único servicio de urgencias del hospital. También existen, en el caso de León, urgencias pediátricas y urgencias ginecológicas, partes del hospital por las que no rote.

El de León esta organizado para que los médicos mantengan buenas prácticas y no se olviden de los conocimientos. Dividido en tres áreas, consultas, trauma y general, los médicos van pasando por todos los subservicios cada mes, variando los pacientes que reciben. Yo hice lo propio, disfrutando de cada cachito de urgencias.

Las consultas son relajadas; recuerdo haber visto algún paciente psiquiátrico, y muchos dolores de cabeza y problemas menores. Traumatología es en cierto modo similar; mayor volumen de personas, y todas con su patología característica. Golpes, caídas, moratones, cardenales; todos a la orden del día. Aunque recuerdo con especial cariño el primer paciente; el adjunto quito unas hemorroides en el momento. Jamás había visto unas hemorroides, mucho menos cortarlas, con lo que mi asombro se reflejaba en la cara.

Por último, urgencias generales y sus boxes. Aquí llegan los pacientes graves y críticos; infartos, problemas derivados de neoplasias, complicaciones y agudizaciones, entre otros. Un área menos movida; pocos pacientes, pero mucho tiempo dedicado a cada uno. Seguimiento prolongado, con múltiples pruebas a realizar y por las que esperar resultados.

Semanas de prácticas en un rayos y cirugía


Radiología fue un servicio muy curioso. Mi concepción sobre el era sesgada; curse este año la asignatura de rayos que se imparte en mi facultad, de modo que iba con cierta perspectiva (esta es la única asignatura especificad de esta materia en el plan de estudios). Una vez llegue, me dio un baño de agua fresca descubrir el buen ambiente de trabajo que había, así como la función que realizan. Es una especialidad diagnóstica, lo que significa ver a los pacientes nunca o casi nunca; quizás solo al realizar ecografías o mamografías. En un principio los radiólogos suelen estar desorientados, sin acceso a todos los informes ni al historial del paciente. No obstante, son capaces de desgranar los problemas de una persona con las pruebas.

TAC y placas de tórax fueron mis áreas los días que estuve; la primera, con infinidad de utilidades que ya conocía, y que redescubrí. En la segunda viví muchas anécdotas que contare en otro momento; pero lo más importante fue que descubrí el Santo Grial de la medicina. Hasta ese momento conocía solo una fina rodaja de los usos de las placas AP y laterales. Pero tras unas lecciones magistrales de un adjunto a unos R1, a las que me acople, se me iluminaron los ojos. Líneas y líneas, sombras, detalles pequeños y juegos para descubrirlos. Una placa de tórax puede ser un mapa detalladísimo en manos de un radiólogo experto.

Por último, esta semana roto en cirugía general y digestiva. Durante el curso tuve curiosidad en este servicio. Curse una asignatura llamada Cirugía y Anestesiología, que vendría a incluir lo básico sobre esta parte de la medicina. Evidentemente solo roce la superficie. Estoy entusiasmado; comentando historias con los médicos adjuntos y residentes, viendo operaciones por laparoscopia, aprendiendo.

Conclusiones de mis rotatorios veraniegos


¿Y qué pensamientos me llevo de todo este tiempo en prácticas voluntarias?

Pídelas. Si tienes la oportunidad de hacerlas pídelas. Son una experiencia genial, complementan lo que has visto en el curso, puedes aprovechar el verano sin que te consuman, y descubres una de las facetas más importantes de tu futura profesión. Quizás este sesgado por lo positiva que esta siendo mi vivencia, pero aunque no fuese tan positivo estoy convencido de que es necesario poder ver y vivir la práctica medica fuera de los rotatorios programados de las facultades.

En mi caso, el ambiente de trabajo en el Hospital Universitario de León es de diez; tanto adjuntos como residentes y otros profesionales de la salud están súper atentos a los estudiantes, te ayudan y comprenden, te guían. Me han impresionado. Bien es cierto que no suelen recibir estudiantes de medicina (no hay facultad en mi ciudad) y quizás eso sea una motivación.

Otros estudiantes y los R1 son pilares en la formación. Los primeros, por el tiempo y los intereses que compartes con ellos; los segundos, pues están encima de ti y saben donde estas.

La experiencia. No es lo mismo hacer una simulación de consulta en la asignatura de psicología que vivir una visita del cirujano al servicio de psiquiatría, donde esta el paciente que opero hace unos días porque se había acuchillado el abdomen buscando demonios.

Los pacientes. Sus caras, sus gestos, sus palabras. El agradecimiento que sienten por la profesión y por todos los trabajadores a su alrededor. Las sonrisas que mandan. Las lagrimas que son sus preocupaciones. Y verlo todo, de primera mano, para poder entenderlo como si estuvieses en su piel.

En conclusión, y a pesar de que algún médico me insto a irme a la piscina (cosa que he hecho sin renunciar a las prácticas), rotar en verano es una vivencia fabulosa. Entras de lleno en tu futuro, vives lo que será tu profesión. Conoces a personas y entiendes sus experiencias. Es una maravilla poder realizarlas.

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